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miércoles, 3 de diciembre de 2008

YA SALIÓ EL NUEVO NÚMERO DE LA MEJOR REVISTA


Ya apareció el nuevo número de la Revista La Pluma del Ganso. Interesante, amena y de calidad como siempre. Esta vez con excelentes noticias sobre los merecidos premios (nacionales e internacionales) otorgados a dos mujeres talentosas que han destacado en las letras mexicanas:

QUETA NAVAGÓMEZ
Y
LINA ZERÓN


lunes, 22 de septiembre de 2008

LA PLUMA DEL GANSO Nº 52


LA PLUMA DEL GANSO No. 52, revista trimestral de arte y literatura, Editor: Dantón Chelén Franulic, Coordinador de Artes Visuales: Mauricio Vega Vivas, Septiembre-Noviembre de 2008. Precio $ 20.00. Numero especial de El erotismo en el arte.

Trece años de publicación periódica e ininterrumpida avalan a LA PLUMA DEL GANSO, revista donde confluyen creadores de todos los géneros del arte y la literatura. Su distribución nacional a través de las tiendas SANBORN`S, restaurantes TOK´S, establecimientos comerciales y librerías de prestigio, ha hecho de LA PLUMA DEL GANSO referente necesario de los nuevos creadores y de todos aquellos escritores que deciden lanzarse al ruedo de las letras mexicanas. Y de muchos de sus lectores que han encontrado un espacio impreso abierto para publicar sus textos por primera vez. En su Número 52 en circulación, nos da muestras de la vigencia de la poesía, el cuento corto y el relato entre los escritores mexicanos más disímbolos. Además de continuar con su fructífera labor de difusión del Arte Mexicano. En el terreno de las artes visuales nos presenta esta vez en portada en interiores, reproducciones de las obras de los artistas participantes en el FESTIVAL DE ARTE EROTICO FILIAS 2008; y un texto que revisa la presencia del erotismo en la literatura y el arte escrito por Mauricio Vega V. Invitamos también a los lectores a enviar cuentos y poesías, fotografías y dibujos de su autoría (a 72 pixeles, máximo) para ser incluidos en la sección Aquí está usted, al e-mail: danton@optical.com.mx; así como sus comentarios, críticas y sugerencias al mismo correo.

No dejes de adquirir elNº 52 de la Revista La Pluma del Ganso. Si deseas obtener nùmeros atrasados o información sobre cómo suscribirse y/o cómo ingresar a nuestro club, puedes acudir a Café La Tregua. Con gusto te atenderemos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

PALÍNDROMOS SOMORDNÍLAP

PALÍNDROMOS SOMORDNÍLAP

(Sé verle del revés)

CONCEPTO DE PALÍNDROMO.-
Del griego «palin» = otra vez, de nuevo y «dromos» = carrera.
Palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda.
Los primeros palíndromos se atribuyen al poeta griego Sótades (Siglo III a. J.).

Adán no calla con nada.
Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada.
A la catalana banal atácala.
A la Manuela dale una mala.
Alí tomó tila.
Allí ves Sevilla.
Aman a Panamá.
A Mercedes ése de crema.
Amad a la dama.
A mamá Roma le aviva el amor a papá y a papá Roma le aviva el amor a mamá.
Amigo no gima.
Amo la pacífica paloma.
Amor a Roma.
Ana, la galana.
Ana, la tacaña catalana.
Ana lava lana.
Ana lleva al oso la avellana.
Ana mis ojos imana.
Ana vana.
Anita lava la tina.
Anula la luz azul a la Luna.
Ard
e ya la yedra.
Así le ama Elisa.
Atar a la rata.
A ti no, bonita.
Ávida dádiva.
Dábale arroz a la zorra el abad.
De cera pareced.
Échele leche.
Edipo lo pide.
Ella te dará detalle.
Ese bello sol le bese.
Eva usaba rimel y le miraba suave.
Isaac no ronca así.
La moral, claro, mal.
La ruta natural.
La ruta nos aportó otro paso natural.
Le avisará Sara si va él.
Luz azul.
No bajará Sara el jabón.
Nos ideó Edison.
No traces en ese cartón.
Obeso, lo sé: sólo sebo.
O dolor o lodo.
Oír a Darío.
Oirás orar a Rosario.
¡Ojo! corre poco perro cojo.
Ojo rojo.
O rey o joyero.
Robaba oro a babor.
Roza las alas al azor.
Saca tú butacas.
Sale el as.
Se es o no se es.
Se laminan animales.
Se verla al revés.
Sé verle del revés.
Sí, lo sé Solís.
Sometamos o matemos.
Somos o no somos.
Sor Rebeca hace berros.
Yo de lo mínimo le doy.
Yo de todo te doy.
Yo dono rosas, oro no doy.
Yo hago yoga hoy.

En el «Cancionero llamado Sarao de Amor» de Juan de Timoneda (Siglo XVI) se ha encontrado un curioso palíndromo. Aunque Timoneda no utiliza la palabra palíndromo, define muy bien su significado.

«Tres versos con tal artificio hechos, que tanto dizen al derecho como al revés:

Ola moro moro malo.
No tardes y sed ratón.
No desseo esse don»


LUZ AZUL

(Poema palindrómico)

Julio González Cabillón

1991

Arde ya la yedra,
la moral, claro, mal.
No deseo yo ese don,
la tomo como tal.
No traces en ese cartón,
la ruta natural.

Arde ya la yedra,
la moral, claro, mal.
Amad a la dama,
la ruta natural.
¿Ávida de dadiva?
La tomo como tal.

Arde ya la yedra,
la moral, claro, mal.
¿Osar ropa por raso?
La tomo como tal.
¿O sacáis ropa por si acaso?
La ruta natural.

Arde ya la yedra,
la moral, claro, mal.
Átale, demoníaco Caín, o me delata.
La tomo como tal.
¡Ya... atar al raedor, y rodear la rata... ay!
La ruta natural.

Cortázar comienza su cuento «Lejana» con el siguiente palíndromo:
«Átale, demoníaco Caín, o me delata»


Esope reste ici et se repose.
Augusto Monterroso, «La letra e».


«In gyrum imus nocte et consumimur igni»
(Dábamos vuelta en la noche y nos consumió el fuego)
Dante


«A esi do l´ Iliade ed a ili l´ Odisea»
(A esos doy la Ilíada y a aquellos la Odisea)
Miguel Ángel


Allí cesó tu sed,
¿Oyes eso, Jair amada?
¿Has oído a la odiosa hada María José?
Sé yo de su tosecilla.
Kus


Yo soy augur uruguayo:
voy allá, allá yo voy,
augur uruguayo soy.
Kus


Ana lava lana
Allí sale la silla
Allí saca la casilla
Se van sus naves
Sois Efesios
Es arte la letra, sé
Odicro tocaba ese ábaco torcido
Se dice detrás: a casar te decides
¿Navidad reválida?: ¡di la verdad Iván!
Francisco J. Briz Hidalgo


PERSONAJES FAMOSOS DE NOMBRE PALINDRÓMICO

Menem (ex-presidente de Argentina)
Sara Baras (bailarina española)




Algunos palíndromos de Rodolfo Franco (Mérida, España)

Ser tres.
Árbol: obra.
Somos asomos.
Sorbí libros.
Arte: la letra.
La breva verbal.
Azar aviva raza.
Recen: amanecer.
El alba: háblale.
La madre medra mal.
El animo: ¡domínale!
Ore: tuyo soy, útero.
¿Átomo rodador o mota?
Sara: torre derrotarás.
Su poética cité, ¡opus!
Oíd: sonido Odín os dio.
A la Luna dañad, anúlala.
Sol oportuno, nutro polos.
A rodar oda, ama adoradora.
Adán y Eva somos, ave y nada.
Oren: omito mito, timo timonero.
Era más un Everest, seré Venus, amaré.
Oíd: arrasar base aérea es abrasar radio.
Acude ave, una cita: meta matemática nueva educa.
¿Oirán el presagio? Allá, oiga ser plenario.
Oso come cena mas amanece mocoso.
¡Eh! Corred, sometemos derroche.
Diosa, ni vidas adivinas, oíd.
Laicos agrupa: purga social.
Amarga idea, cae diagrama.
Dádiva: usa la suavidad.
Amé Oporto, otro poema.
¡Oro!, vibré herbívoro.
Revesada hada sé ver.
Solapado da palos.
Elabora, ¡Róbale!
Si, Sir: crisis.
La turba brutal.
Soporto tropos.
La tele letal.
Roto mi motor.
Líder: redil.
Aporta tropa.
Severo revés.
La era real.
Soné menos.
Soñar años.
A mi rima.
Añoro roña.
A ese desea.
Ámame, ¡mama!
Ámote, ¡toma!
Seguro ruges.
¡Siete metéis!
¡Oh! ¡Con ocho!
Oh, celoso lecho.
Otra gala, lagarto.
A morbosa paso broma.
Sade, no me dé monedas.
¿Rol o deseo ese dolor?
Ágil ligar, frágil liga.
¡Ah! Con sarta trasnocha.
Atina tigre, ver gitanita.
Amor a Eva, usa suave aroma.
A colar éter, rácana carretera loca.
A la ruda mona, tal plátano, madúrala.
¿El bar o no? Hoy rey, ayer, yo, honorable.
Lacre, cena mala narran. Al amanecer, cal.
Acaparé Venus y su nevera, Paca.
Alabase los sosos soles a bala.
Nace por otoño, toro, pecan.
Él era poeta ateo, párele.
Aso radical ácida rosa.
Saña rasa, las arañas.
Lacra: moco comarcal.
Sabor anilina robas.
Sométeme: metemos.
Otra pera reparto.
A por aérea ropa.
Además esa me da.
Desalojo la sed.
Sáname semanas.
Se lame males.
A mi me mima.
Amarga grama.
Lograr gol.
O sea, eso.
A su musa.
Noto fotón.
Amor: broma.
Sobre verbos.
Asuma la musa.
Sé liar raíles.
Romano con amor.
Salomé me molas.
Soborno con robos.
A tamaña caña mata.
Sobreviví: vi verbos.
Amo idiota, mato idioma.
Yo, hada, no bebo nada hoy.
Sosa va, sople el posavasos.
A melodiosos osos, oído lema.
O bebo lo vivo o vivo lo bebo.
Sanos reponen ene, no personas.
A tal pan amé, la alemana plata.
Al amar, aporto otro par, ¡ámala!

LA ENORME PENA DE TENER UN HIJO LUMPENPROLETARIO. Por José Antonio Durand Alcántara


Mi hijo tiene 24 años y nueve ingresos a la cárcel. Habla en caló, o con puras leperadas. Adoptó el apodo de “Calucas El Güevudo”, y si lo llamamos con su nombre de bautizo, nos mienta la madre o nos hace esa seña obscena conocida como “caracoles”.

Si se enoja se pone como loco furioso. A su maestro de piano le tiró los dientes, a su profesor de esgrima casi lo mata a cadenazos, a su maestra de equitación se la montó.

Si lo regaño me reta a que nos aventemos un tiro, y si le digo que: “Se le seca la mano al hijo que le pega al padre”, me contesta que me va a dar tal golpiza, que no sólo se le secarán las dos manos sino también “los güevos”. ¡Dios Santísimo!

Se quita los chicles masticados de detrás de las orejas y los pega en asientos de las sillas y en la parte de abajo de las cubiertas de las mesas.

Constantemente profiere sucias majaderías que quisimos corregir desde niño lavándole la boca con jabón. Sin embargo, pronto se hizo adicto a detergentes comiéndose los jabones y bebiéndose el líquido limpiador.

Escupe gargajos en mis alfombras persas. Eructa en la mesa frente a los comensales. En los templos y lugares solemnes expele con estruendo gases intestinales.

De niño se ponía espejitos con ligas en los zapatos para verles los calzones a sus compañeritas del colegio. A los diez años lo corrieron de la escuela porque el día del maestro, en vez de recitar, se masturbó en el auditorio ante alumnos, padres de familia y profesores: “como homenaje a las piernotas de la maestra de inglés”, dijo el muy cínico.

Realiza dibujos obscenos en los baños y escribe leyendas groseras en las paredes. Se exprime los barros de la cara frente a los espejos.

Les toquetea glúteos y senos a nuestras sirvientas diciéndoles “¡Bizcochote, pero qué re buena estás!”. Lo mandamos a la ópera y se va al burlesque a gritarles impudicias a las chicas del streptease. Se corta las uñas de los pies subiéndolos a la mesa ¡cuando estamos comiendo!

Se pone debajo de las escaleras de la casa, para mirarles las piernas a las sirvientas. Viaja en metro para restregarse y manosear a las damas. En vez de acudir a sus clases de idiomas se va a Tepito para aprender nuevos albures y majaderías (aunque hay quien dice que acude no para aprender sino para enseñar).

En el cine grita al entrar “¡Ya llegué!”, y emite chiflidos de arriero en conocido estribillo alusivo a las progenitoras. En nuestro exclusivo club deportivo se mete en la alberca a hacer sus necesidades ¡Pero todas sus necesidades!

A mis cuadros de artísticos desnudos femeninos, el Calucas les pintó genitales masculinos en la boca de las ninfas y en otras partes que es fácil suponer.

Nos trae asolados con sus vulgares albures. No puede uno decir nada, porque inmediatamente nos contesta: “me prestas”, “te empujo”, “me das miedo” y un formidable etcétera más. Palabras como: rifle, palo, plátano, pepino, chile, por un lado y, por otro, palabras como papaya, petacas, anillo, dona, teleras, tienen siempre un doble sentido en su lenguaje soez.

El color del vestido de las mujeres también es motivo de prosaicos señalamientos, como cuando les grita: “ésa de rojo, yo me la etcétera” o bien “ésa de verde, el chile me etcétera” (y digo etcétera para suprimir lo que en realidad grita el Calucas). Su expresión preferida es “¡Apachuuuurro!”, grito de guerra que lanza a las muchachas.

Todos los negocios que ha emprendido el Calucas han sido lumpenescos: merenguero que hacía trampa en los volados. Vendedor de tacos de carnitas que supuestamente eran de res y cerdo, pero que realmente eran de nuestros caballos árabes, perros importados y gatos de angora, disminuyéndose sensiblemente mis mascotas.

Manejó sin licencia un microbús pirata con placas de circulación vencidas. Y tal como en el camión de redilas de Ustedes los ricos, el Calucas escribió en la parte trasera de su microbús la leyenda “Melón se comió las plumas…”, sólo que él sí completó la frase vulgar que proviene de un cuento del populacho en el cual se narra que entre Melón y Melames mataron a un pajarito.

El grado máximo de sus estudios fue el segundo año de secundaria, sin embargo ejerció dos años la profesión de médico con un título apócrifo, falsificado por él mismo en su taller de Plaza de Santo Domingo, pero fue descubierto y enviado a prisión porque dicho título decía Unibersidad con “b” de burro. Los estropicios que hizo como médico los omito, pues este relato no es una novela de horror.

Otro negocio al margen de la ley que le costó su libertad, fue el de traficar con órganos humanos. Pero se demostró que los riñones, hígados y demás órganos que vendía el Calucas, haciéndolos pasar como de humanos, eran en realidad de perros, puercos y otros animales, lo cual implicó que los compradores lo demandaran por fraude. Uno de los estafados, quien es un conocido político, dijo indignado: “¡Ahora me explico por qué me gusta tanto meter la trompa en el lodo!”

El único que no demandó al Calucas fue el señor transplantado de cierto miembro de burro, pues está feliz con dicho trasplante. Desde luego que también se dedicó al narcotráfico, pero tal negocio fue un fracaso porque a sus clientes les vendía harina rancia para hotcakes de la marca Tres Estrellas, en lugar de cocaína.

También vendía ropa interior usada para dama, que no eran otras prendas íntimas más que aquellas que se robaba de los tendederos del vecindario.

Su última novia fue una tamalera del mercado de Granaditas quien de noche se desnudaba en El Bombay bajo el nombre artístico de “Mariza, la de la Trusa de Satín Dorado” y de quien se rumoraba que era frígida. La señorita Mariza rompió su noviazgo con él, porque él le rompió el hocico a patadas tras una acalorada discusión filosófica sobre pacifismo y control de armas nucleares.

Ella lo sustituyó por “El Loco de los Timbales”, quien acompañaba los números desnudistas de Mariza, y que era mejor conocido como el “Marqués del Taco al Pastor” de la colonia Gertrudis Sánchez. A la sazón, el Calucas decidió convertirse en poeta y dedicar sus versos de despecho a la infiel Mariza.

Pero los poemas que le dedicó bajo el título de “Amor madreador de mis güevos” fueron verdaderamente porquerías. La parte menos ordinaria de sus poemas decía: “Mariza/ Mariza/ Te añora mi longaniza/ Mariza/ Mariza/ Te sientes muy chicha/ porque desprecias mi salchicha”.

El Calucas celebró su cumpleaños en mi casa, y los asistentes a la fiesta fueron los albañiles que construyen un edificio cercano, siendo invitadas de honor las sirvientas de los vecinos, e incluso las propias de mi residencia. Cuando le pedí a Yesenia mis palos de golf, me contestó: “¡Qué te pasa güey, si yo estoy aquí como invitada y no como tu gata!... Pero nos podemos reventar un danzón apretadito”. Desde luego que no acepté la insolente invitación de la joven e igualada sirvienta… aunque confieso que me arrepentí, pues en honor a la verdad Yesenia está muy bien proporcionadita.

Los invitados y mi hijo consumieron pulques curados de melón y de apio “importados” de Tulancingo, Hidalgo. Ya por la noche los dos barrilotes de pulque habían llegado a su fin, con sus secuelas aterradoras: los rasposos invitados vomitaron y orinaron donde quisieron –y quisieron casi siempre en mis macetones italianos–.

De pronto interrumpe mi escrito Sorel Jürgen, el mayordomo, para decir:

—Señor, hablaron de la Librería Polanco avisando que ya tienen los discos del Concierto número dos de Rachmaninov y del Mambo número ocho de Pérez Prado, que solicitó usted, pero que el Memín Pingüin se lo tendrán el próximo martes.

Y el inútil de Sorel Jürgen no dijo nada sobre mi solicitud de El Libro Vaquero Semanal, no sé cómo este mayordomo puede tener estudios de posgrado y hablar cuatro idiomas si se le olvida lo esencial… En fin, aprovecho la interrupción para concluir esta historia. Además, ya casi es hora de que Yesenia suba a tender las camas y apenas me da tiempo de colocarme bajo las escaleras.

2º ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORES, TULANCINGO, HIDALGO 2008



Un evento de trascendencia para la promoción y difusión de la literatura de América Latina, se llevará a cabo del 8 al 11 de octubre próximo en Tulancingo, Hidalgo. Se trata del 2º Encuentro Internacional de Escritores 2008, convocado por Culturalcingo, A.C., en colaboración con el Comité Nacional de Encuentros Literarios, la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura de la FES Zaragoza UNAM, la Sociedad de Escritores del Centro de México, La Comunidad Artística Humanista de Tulancingo y el Centro Universitario del Oriente de Hidalgo.

Este encuentro de escritores, reunirá a poetas, dramaturgos, narradores y ensayistas mexicanos, de centroamérica y el cono sur para compartir su obra y realizar diversos eventos literarios, además de compartir su trabajo creativo con la comunidad de jóvenes del estado de Hidalgo. Entre las actividades que se realizarán, se llevará a cabo el festejo por el primer aniversario del Monumento al Escritor Latinoamericano el cual fue develado en 2007 por la escritora Elena Poniatowska.

El Comité Nacional de Encuentros Literarios, está encabezado por el maestro Reynaldo Carballido y tiene su sede en el puerto de Veracruz, la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura de la FES Zaragoza de la UNAM la preside el licenciado en sociología el maestro José Antonio Durand; el poeta Javier Malagón preside la Sociedad de Escritores del Centro de México, A.C., en la ciudad de Celaya, Gto., y Cristina de la Concha está al frente de Culturalcingo, A.C., en esta organización.

jueves, 21 de agosto de 2008

¿Por qué nos gustan las historias?

Por Luis Márquez V.

Cuando uno ve un fenómeno natural como es la Luna en plenitud, rodeada de un halo blanco semejando una corona, en la que se perciben los colores del arco iris, pueden hacerse historias y cuentos de hadas o de terror. Se puede creer que es un augurio o se puede pensar que no es más que una circunstancia atmosférica causada por la humedad que flota en el ambiente. Pero qué pasa cuando alguien nos dice al ver el espectáculo “va a temblar” y uno piensa “qué tiene que ver?” y a los dos días tiembla. Todo tiene explicación: alguna vez leí que en ocasiones la Tierra deja escapar demasiado calor de sus entrañas, que luego flota y provoca esos fenómenos físicos y es a la vez el aviso de que la acumulación de gases y calor pueden desembocar en un movimiento de las placas subterráneas.

Hay que imaginarse un eclipse de Sol o de Luna en la época de los primitivos pobladores del planeta. No podían dar otra explicación a lo que veían más que la de una amenaza de los dioses o un aviso o una petición de algo y entonces empezaron a creer que la única forma de calmar los ímpetus de esos seres poderosos era mediante el sacrificio de animales y aun más que eso, de seres humanos.

El hombre primitivo necesitó expresar sus experiencias, sus vivencias y lo hizo primero a través de pinturas rupestres, y más tarde creó mitos, creó seres extraños a los que adoraba, a los que temía y los cuales lo protegían de la violencia de la naturaleza.

Así nacen las primeras formas de la literatura, a partir de lo que más impresionaba al hombre, antes de inventar la escritura surgió la tradición oral de la literatura, cuentos e historias que platicaban los padres a sus hijos, y éstos a sus hijos, hasta que esas historias y cuentos formaron parte de la tradición de los pueblos y eran parte de su folclor y de sus primeras formas de cultura al crearse las mitologías. El hombre, como individuo, sigue hasta hoy escribiendo todo aquello que más le impresiona, sobre todo aquello para lo que no encuentra explicaciones, como la muerte, lo extraordinario de algún acontecimiento, escribe las historias de amor y de odio, de traición que más lo conmueven. Pero también la tradición oral permanece, las historias, que a veces no son más que chismes, toman cariz de verdaderas. Hacer historias es algo innato, por eso aún me sorprende que haya gente que me pregunta ¿por qué escribes?

Cada hombre en sí mismo es una metáfora de la vida entera de la humanidad, pasamos por una edad similar a la del hombre de las cavernas, el niño todo lo arregla a golpes y pedradas, a gritos sin palabras, pega y sabe que eso hace que otros le teman vive en la ley del más fuerte.

Pinta las paredes como los primitivos pintaban las cuevas y se asombra de todo lo que ve. Crece y entra a las Altas Culturas, a la escuela, empieza a escribir, a leer, se refina (aunque han pasado dos millones de años que el hombre vive y aún no ha terminado de refinarse realmente). Pasa a los grandes descubrimientos, a los inventos, y ya está en la universidad. La Edad Media es la madurez del individuo, el Renacimiento es la expresión del apogeo de su creatividad entre los 40 y 50 años. Deja de creer que todos los fenómenos son hechura de dioses y demonios, las religiones empiezan a dejar de tener la influencia decisiva porque la ciencia empieza a explicar lo que antes sólo las religiones podían hacer. El hombre se aparta de Dios y llega a creerse Dios. Se cree dueño de todo lo que lo rodea y eso le da poder para apropiárselo y destruirlo. Estamos en la era atómica, en la era de la computación y de los robots. Los temblores y muchos de los cambios de temperatura y de ambiente se deben a pruebas nucleares, a la tala inmoderada de los bosques, se deben más a la acción destructiva del hombre que de ciclos de la naturaleza.

El hombre un día será un anciano y volverá a ser un niño, quizá el fin de la humanidad está en las cavernas, en donde las armas vuelvan a ser piedras y lanzas.

Todo esto es como un cuento, como una historia imaginaria, pero es parte de nuestra historia colectiva real.

Así como cada hombre necesita explicárselo todo, la humanidad lo hizo a través de los grandes cuentos, de los grandes libros de historias sagradas, de los mitos y leyendas. Cada uno de nosotros nos reconocemos como seres humanos en la medida en que hacemos lo mismo que ha hecho siempre la humanidad. Del asombro por el eclipse, por el terremoto, por la marejada, por el huracán, al asombro por la maravilla de ver un avión enorme que puede sostenerse en el aire, por saber de un submarino que puede internarse en lo más profundo de los océanos. Todo es material de historias, de novelas, de cuentos y de poemas.

El hombre le copia a la naturaleza y se copia a sí mismo. Todos plagiamos algo, una frase, una vivencia, una experiencia, somos todos pintores de paisaje, inspirados en los que vemos. La literatura surge de la necesidad de atrapar lo que se nos escapa en el tiempo y en el espacio. La necesidad de guardar en la memoria lo que nos pareció maravilloso. Así surge y así sobrevive hasta hoy la literatura, de ese atrapar mariposas, de coleccionarlas, de admirar sus colores. Necesitamos historias y necesitamos atraparlas para siempre, por eso creemos en ellas, queremos que sean verdad, queremos que cada libro que leemos sea verdad y siempre tenemos la sospecha de que lo que leemos es en realidad un suspiro, más que de inspiración, de autobiografía del escritor.

Nuestra naturaleza no nos permite vivir sólo de lo que vemos, sino también de lo que imaginamos o de lo que imaginan otros. La función de la literatura es sensibilizarnos, es enseñarnos cada parcela de la condición humana y no necesita la literatura ser específicamente educativa para educar y para enseñar. Es más, la literatura que se precia de didáctica a veces es la que menos deja huella en la mente, la que se precia de ser moralizante es la que menos cambia los hábitos. Porque hay que decir que nuestra condición humana nos hace siempre dudar, nos hace cuestionar y nos hace revelarnos ante lo que pudiera ser una imposición o lo que se sospecha que puede manipularnos o inducirnos. No nos gusta que nos manejen, y si el mensaje es abiertamente conductista, nos revelamos, por eso creemos más en lo que no parece tener intenciones.

Un profesor de la carrera de periodismo de la UNAM nos decía “¿quieren aprender lo que realmente pasó en la Revolución Mexicana?”, lean El Aguila y la Serpiente o La Sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzamán; lean Los de Abajo o Los Caciques, de Mariano Azuela; Ulises Criollo, de José Vasconcelos; Los Relámpagos de Agosto, de Jorge Ibargüengoitia. Ahí está la verdadera historia, que no fue escrita por historiadores, sino por pintores de paisajes, por retratistas de la realidad. ¿Quieren saber cómo era la vida de la Rusia zarista?, lean a Dostoievsky, a Máximo Gorki, a Gogol a León Tolstoi. ¿Quieren sabe cómo era la Francia del siglo pasado?, lean a Stendhal, a Emilio Zolá, a Gustav Flaubert. ¿Quieren saber cómo es el México de hoy?, lean a Carlos Fuentes, lean a José Emilio Pacheco, a Sergio Pitol, a… en fin, a las decenas de autores jóvenes, y no tan jóvenes, que están escribiendo entre todos la novela del México de hoy. Sobre todo cuando esas novelas y cuentos asoman a la ventana de lo universal y no se quedan en lo telúrico, en lo de la tierra de uno, sino que sus propuestas, sus valores, sus temas, alcanzan categoría universal; es decir, cuando lo que le ocurre a un personaje de Juan Rulfo, le podría ocurrir a un campesino francés o a un citadino de Nueva York, con tan solo cambiar la escenografía y los nombres. Descubrir y describir los valores universales, es hablar del hombre, esté donde esté, haga lo que haga, crea y piense lo que quiera.

La enseñanza de la literatura se da a través del divertimento. Como aprender jugando. Llega más al corazón en la medida en que es sincera y escarba en lo profundo del ser. No importa su temática, las formas literarias que le quiera dar el autor, importa su efectividad para conmover, para hacer suspirar, soñar, sufrir, sentir amor, etcétera.

Recuerdo una anécdota que sucedió allá en los años 60s en la Pampa argentina. Se reunieron un grupo de escritores nacidos en el campo y que escribían historias para educar a los campesinos, les hablaban de cómo labrar la tierra, de qué tipo de comida era la más nutritiva, de cómo cazar animales, de cómo domesticarlos. Todo esto mediante cuentos. Entre los presentes estaba Julio Cortázar, uno de los grandes maestros del cuento y del relato corto. Le pidieron a Cortázar que leyera alguno de sus cuentos y leyó uno de misterio, que no tenía nada de didáctico, ni ningún mensaje moralista. Al terminar de leer su cuento, todos los campesinos se pusieron de pie para aplaudirle y le pidieron que les contara otro. Los escritores didácticos no podían creerlo y les parecía que eso desviaba la atención de un programa que se había propuesto el gobierno. Pero se descubrió que lo que querían los oyentes eran historias que los hicieran soñar, que los hicieran vivir a través de los cuentos.

Ese quizá fue el inicio del gusto por la lectura de una comunidad campesina. Y no se lo debieron a los cuentos didácticos, sino a los de misterio.

Al niño que se le cuentan cuentos antes de dormir, y esos cuentos le agradan, lo emocionan, le despiertan la imaginación, puede que se le está fomentando el amor a la lectura.

Hemos hablado hasta aquí de esa necesidad de escuchar y de leer historias. Pero falta el otro lado de la moneda, el hacerlas, el inventarlas, el crearlas o copiarlas de la realidad. Creo que todo escritor es en mayor o menor medida un plagiario. Es difícil creer que alguien haga una novela o un cuento sin basarse en nada que exista.

El círculo se cierra cuando hay un escritor y un lector, un hablante y un escucha. Sin uno de los dos, no hay literatura. El lector, aunque sea difícil de creer, es también, en gran parte, el inventor de la historia. Sin una interpretación de los hechos, la historia podría quedar incompleta. La literatura lo que hace es sugerir, recordar el pasado, inventar lo que pudo suceder, excavar en el alma humana. ¿Por qué? Porque sólo a través de la literatura y del arte en general se llega a conocer la dimensión exacta de lo humano. Se hacen radiografías y se estudia al hombre. ¿Qué puede haber más importante que el propio hombre? Por eso no se puede hacer una historia que parta de la nada. Hay que dirigirse al hombre, porque el hombre es el motivo y el destino de cualquier tipo de literatura.

Por eso la literatura debe pensar en los niños y en los jóvenes, para iniciarlos, para motivarlos, para enseñarles sin ser propagandista, sin ser doctrinaria, ni siquiera didáctica. La enseñanza está en la descripción y narración que se hace de una situación, de una o varias personas plasmadas mediante el artificio de la ficción. Lo importante es que el lector sienta una identificación y pueda ser conmovido, pueda por medio de una historia armar otra en su mente y también le pueda servir de experiencia en la vida. Ésa es la alfaguara que nos alimenta a diario, la literatura que induce a crear más literatura.

21 de agosto de 2008.

domingo, 10 de agosto de 2008

GREGUERÍAS Y RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Las greguerías son composiciones muy breves escritas en prosa, son interpretaciones o comentarios ingeniosos y humorísticos sobre aspectos de la vida corriente, y muchas de ellas son de tal profundidad y belleza que me parecen poesía pura. Las Greguerías fueron creadas y así denominadas por Ramón Gómez de la Serna que escribió más de diez mil greguerías.

Ramón Gómez de la Serna nació en Madrid, España en 1888 y murió en Buenos Aires, Argentina en 1963.

Publicó su primer libro a los diecisiete años y aunque estudió leyes, no ejerció esa profesión y dedicó su vida entera a la literatura. Su obra es muy vasta, incursionó en diversos géneros pero su creación más reconocida es la greguería, que tuvo una gran influencia en los creadores de su época especialmente en los poetas de la generación del 27. Gómez de la Serna definió la greguería como:

“humorismo + metáfora = greguería” Por ejemplo: “La zeta es un siete que oye misa” o “El tornillo es un clavo que se peina con raya en medio”, “Nuestros gusanos nunca serán mariposas”.

Escribió más de cien obras entre ensayo, biografías, teatro, novela, relato, memorias y sus greguerías se publicaron en muchas revistas de la época. Ramón Gómez de la Serna era un hombre inquieto; cuentan que aunque no tenía realmente virtudes en el canto, alguna vez participó en un Concurso de Cante Jondo en Granada, y que uno de los oyentes que estaba en el lugar lo señaló con su pistola, y le dijo al espectador que tenía al lado “¿Qué?… ¿Lo mato ya?.

Ramón Gómez de la Serna por su carácter crítico y sarcástico, por su ingenio humorístico fue miembro de la Academia Francesa del Humor junto con Charles Chaplin y Pitigrilli, y entre otras destacadas actividades, ante el estallido de la Guerra Civil Española, fundó la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura y tiempo después viajó a Buenos Aires donde enfermó y murió en 1963.

Decía Ramón Gómez de la Serna:

"Desde 1910 me dedico a la greguería, que nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí todos los ingredientes de mi laboratorio, frasco por frasco, y los mezclé, surgiendo de su precipitado, depuración y disolución radical, la greguería. Desde entonces, la greguería es para mí la flor de todo lo que queda, lo que vive, lo que resiste más al descreimiento. La greguería ha sido perseguida, denigrada, y yo he llorado y reído por eso entremezcladamente, porque me ha dado pena y me ha hecho gracia"


ALGUNAS GREGUERÍAS


* Nunca es tarde si la sopa es buena.
* Al agonizar el viejo marino pidió que le acercasen un espejo para ver el mar por ú
ltima vez.

El tornillo es un clavo que se peina con raya en medio.
La sidra quisiera ser champán, pero no puede porque no ha viajado por el extranjero.
El hambre del hambriento no tiene hache porque el verdadero hambriento se la ha comido.
Cuando asomados a la ventanilla echa a andar el tren robamos adioses que no eran para nosotros.
El día en que se encuentre un beso fósil se sabrá si el amor existió en la época cuaternaria.
Las pirámides son las jorobas del desierto.
A la media botella de vino siempre le faltará la otra mitad.

El dolor más grande del mundo es el dolor de colmillo de elefante.
El olivo es el espejo del alba.
Las pasas son uvas octogenarias.
Cuando el armario está abierto parece que toda la casa bosteza.

La escoba baila el vals de la mañana.
Para evitar el calor los termómetros del verano deberían colocarse al revés.

En invierno los rosales están pensando en sus rosas.
Sobre las hojas grises de los olivos gravita aún el polvo que levantaron los carros
romanos y las diligencias.
Franklin salía los días de tormenta con un paraguas dotado de pararrayos.
Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia.

El agua se suelta el pelo en las cascadas.
Al oír la sirena parece que el barco se suena la nariz.
En la Vía Láctea se agolpa el polvo fulgurante que levantaron en su camino las carrozas siderales de los grandes mitos.
El Pensador de Rodin es un ajedrecista a quien le han quitado la mesa.
Ponerse los calcetines al revés es ir hacia atrás en vez de ir hacia adelante.

Se dice dentífrico, suena a dentífrico, pero sonaría más a dientes si fuese "dientífrico".
Cuando el domingo caiga en lunes, la vida habrá perdido la cabeza.


GREGUERÍAS DE NIÑOS


El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.

Ese niño que lleva una sandía, parece ir a dar lección de geografía.

En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
La primavera, como los niños, comienza siendo rubia y acaba siendo morena.
Principio de primavera: un niño solo en todo el tiovivo.
El niño intenta extraerse las ideas por la nariz.
El niño grita: "¡No vale!"... "¡Dos contra uno!", y no sabe que toda la vida es eso: dos contra uno.
Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niñ
o soy yo.
Los niños que serán los hombres precavidos son los que sacan punta a los dos extremos del lápiz.




GREGUERÍAS DE LETRAS Y ESCRITURA


La "A" es una tienda de los apaches.

La "B" es el ama de cría del alfabeto.
La "C" es una galletita mordida.

La "D" mayúscula de cada domingo es siempre diferente.
La "F" es el grifo del alfabeto.
La "i" es el dedo meñique del alfabeto.
La "L" parece largar un puntapié a la letra que lleva al lado.
La "ñ" es la "n" con bigote.
La "Q" es un gato que perdió la cabeza.
La "q" es la "p" que vuelve del paseo.

La "S" es el anzuelo del abecedario.
La "T" es el martillo del abecedario.

La "T" está pidiendo hilos de telégrafo.
La "U" es la herradura del alfabeto.

La “Z” es un 7 que oye misa.

La "ü" con diéresis: dos "íes" siamesas.
La "ü" con diéresis es la letra malabarista del abecedario.
La "X" es la silla de tijera del alfabeto.
Las palabras con puntos suspensivos resultan aderezadas con guisantes.
Prosa con asteriscos: prosa condecorada.

Los bostezos son "oes" que huyen.
"Ídem" es una palabra ahorradora.
El etc., etc., etc., es la trenza de lo escrito.

El lápiz sólo escribe sombras de palabras.
El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.

Los rosales son poetas que quisieron ser rosales.
El soneto es el chaleco de terciopelo de la poesía.
El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
Escribir es que le dejen a uno llorar y reír a solas.
Cuando el escritor ha llegado a la vejez, es cuando sospecha que el artículo que está escribiendo lo escribió ya otra vez.
La luna es un banco de metáforas arruinado.
El tango está lleno de despedidas.
Sólo el poeta tiene reloj de luna.

El libro es el salvavidas de la soledad.
El poeta miraba tanto al cielo que le salió una nube en un ojo.
Las vacas escriben con el tintero de sus ojos el poema de la resignación.


GREGUERÍAS DE ANIMALES
El caballo con la cabeza baja, mientras pace, parece estar leyendo el paisaje como un corto de vista.
El camello tiene cara de cordero jorobado.
El camello lleva a cuestas el horizonte y su montañita.
La inmortalidad del cangrejo consiste en andar hacia atrás, rejuveneciéndose hacia el pasado.
El caracol debía tocar el trombón que lleva a cuestas.
La cebra es el animal que luce por fuerza su radiografía interior.
De la nieve caída en los lagos nacen los cisnes.

El cocodrilo es un zapato desclavado.
El cocodrilo es una maleta que viaja por su cuenta.
Los cocodrilos están siempre en pleno concurso de bostezos.
Los elefantes parece que tienen en las patas las muelas que no tienen en la boca.
Las gallinas son tartamudas.
Los gatos se beben la leche de la luna en los platos de las tejas.
Las gaviotas nacieron de los pañuelos que dicen ¡adiós! en los puertos.
El hipopótamo juega a ser submarino.

La jirafa tiene abrigo de leopardo.

La jirafa es una grúa que come hierba.
La lagartija es el broche de las tapias.
La mariposa lleva a su gusano de viaje.
La mariposa, posándose en todas las flores, es la mecanógrafa del jardín.
El más pequeño ferrocarril del mundo es la oruga.

Todos los pájaros son mancos.

Ningún pájaro ha logrado sacar las manos de las mangas de las alas, salvo el murciélago.
Lo más terrible del perro con bozal es que no puede bostezar.
Los pingüinos son unos niños que se han escapado de la mesa con el babero puesto.
Cuando escarba el toro en la arena parece estar cavando la fosa del to
rero.


GREGUERÍAS DE NÚMEROS
Los ceros son los huevos de los que salieron las demás cifras.
El 8 es el reloj de arena de los números.
El 6 es el número que va a tener familia.

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Gracias

Esther Alvarado


Fuentes consultadas:

sábado, 9 de agosto de 2008

ALITERACION


La aliteración es una figura retórica que consiste en la repetición de los mismos sonidos o fonemas utilizados en poemas o en prosa, para producir un efecto de musicalidad, provocar sensaciones agradables: suavidad, dureza, susurros, incluso pueden tener un sonido molesto.

Si la aliteración no tiene por objeto producir alguna armonía imitativa, o si ocurre independientemente de la voluntad del escritor, no es figura retórica, sino vicio del lenguaje, contrario a la eufonía. Así, dentro de la aliteración existe el Fonosimbolismo que trata de imitar por medio de las palabras y su sonido ciertos ambientes, movimientos o estados de ánimo.

Un ejemplo de aliteración es este fragmento de Gracilazo de la Vega:

“En el silencio sólo se escuchaba

un susurro de abejas que sonaba”

La repetición de sílabas que comienzan con la letra S, imita el sonido que hacen las abejas.

Dentro de la Aliteración también existe la cacofonía, que busca producir un efecto desagradable en el sonido. Un ejemplo es este texto de Quevedo:

Con testa gacha toda charla escucho,
dejo la chanza y sigo mi provecho;
para vivir, escóndome y acecho,
y visto de paloma lo avechucho.

Para tener, doy poco y pido mucho;

si tengo pleito, arrímome al cohecho;
ni sorbo angosto ni me calzo estrecho:
y cátame que soy hombre machucho.

Niego el antaño, píntome el mostacho;
pago a Silvia el pecado, no el capricho;
prometo y niego: y cátame muchacho.

Vivo pajizo y no visito nicho;

en lo que ahorro está mi buen despacho,
y cátame dichoso, hecho y dicho.

Quevedo

En cambio, la Eufonía es una Aliteración que produce un efecto grato y es una figura muy usada por Rubén Darío en sus poemas:

Claras horas de la mañana

en que mil clarines de oro

dicen la divina diana:

Salve al celeste sol sonoro

El Parómeon, es otra variante de la aliteración y se trata de textos elaborados con una sucesión de palabras que comienzan por la misma letra, por ejemplo:

Antes alegre andaba; agora apenas
alcanzo alivio, ardiendo aprisionado;
Armas a Antandra aumento acobardado;
aire abrazo, agua aprieto, aplico arenas.

Al áspid adormido, a las amenas
ascuas acerco atrevimiento alado;

alabanzas acuerdo al aclamado
aspecto, a quien admira antigua Atenas.

Agora, amenazándome atrevido,
amor aprieta aprisa arcos, aljaba;
aguardo al arrogante agradecido.

Apunta airado; al fin, amando, acaba
aqueste amante al árbol alto asido,
adonde alegre, ardiendo, antes amaba.

Quevedo

La Aliteración no solamente la utilizan los escritores en poesía, también recurren a ella en la prosa, ya que este recurso literario provoca sensaciones acústicas que enriquecen el significado del texto. Al leer e imaginar a los personajes y su entorno, es maravilloso que algunas veces casi podemos oír el molesto chirrido de la puerta o el cerrojo, las voces roncas y rasposas como rocas o suaves y sonoras como susurro.

Julio Cortázar es uno de los grandes maestros de la Aliteración. En el cuento “Un lugar llamado Kindberg”, Cortázar casi ofrece un plato de sopa al lector cuando se escuchan las “eses” en los párrafos y recrear así al personaje que toma sorbo a sorbo un plato de sopa, dotan al cuento de una dimensión sensorial que se percibe al leerlo en voz alta, y se puede entonces oír cómo se saborea una sopa, cómo arde la chimenea, se escucha la lluvia, algunas veces a través de la tautofonía o reiteración del mismo sonido dentro de la misma palabra.

"... a saber por qué pero tan bonito ver que el flequillo de Lina se alza un poco y tiembla como el soplido devuelto por la mano y por el pan fuera a levantar el telón de un diminuto teatro, casi como desde ese momento Marcelo pudiera ver salir a escena los pensamientos de Lina, las imágenes y los recuerdos de Lina que sorbe su sopa sabrosa soplando siempre sonriendo". - Julio Cortázar -


De nuevo gracias por leerme,

Esther Alvarado